Estoy en un laberinto. Sí. Esta estructura popularmente hecha de arbustos en la cual tu misión es encontrar la única salida existente.
Pues bien, hagamos la siguiente metáfora. Supongamos que el laberinto es la vida misma y la salida la felicidad, por decir algo. Yo voy tan campante andando buscando esa salida, pero parece que empiezo a acercarme. Esa felicidad es posible! Esta relación que tanto tiempo buscaba con alguien podía conseguirla, pero cuando parece que la salida va a llegar....¡PUM! Porrazo contra la pared.
¿Por qué? ¿Por qué esa forma tan brusca de quitarme la ilusión? O mejor dicho, esa forma de darme cuenta de la realidad de lo que de verdad está pasando, que solamente me tiene como una amiga para distraerse y divertirse mientras yo pensaba que podía ser algo más.
Pero típico de mí pararme, reflexionar y decir: Ni una más. Pero decirlo bien alto, aunque luego a los días vuelva a caer en sus encantos. Lo que si que tengo claro: ni una lagrimas más por un capullo como él.
Buenas noches y...
- Camarero, ¡un gin-tonic por favor!